|
||
Mayor precio de la caña en un negocio que renta utilidades multimillonarias a los industriales, más no a los cultivadores El estudio de la firma inglesa LMC, The Profitability Of Sugar Production, (Capacidad de Ganancia de la Producción de Azúcar) que analiza la rentabilidad de la industria de la caña de azúcar del 2002 al 2005 en 11 países productores, incluido Colombia, fue utilizado por ASOCAÑA para reiterar -porque ya lo había hecho en el 2001-, que en nuestro país, en comparación con otros, la gramínea tiene un mayor costo. Sólo que en esta ocasión el gremio de los industriales divulgó los resultados del informe a través de los medios de opinión pública, con la intención de contrarrestar las revelaciones hechas por la Asociación Colombiana de Cultivadores y Proveedores de Caña, PROCAÑA, acerca del valor de la caña que los ingenios en Colombia destinan para fabricar Etanol. Materia prima que, desde que se inició el negocio del biocombustible, nos han venido pagando por debajo de la participación que tradicionalmente ha regido para la caña de la cual extraen el azúcar. ¿Por qué la diferencia? Nunca, en los dos años que lleva el país como productor de alcohol carburante, se ha podido entender esta actitud de los empresarios para con quienes somos sus socios más importantes, y actores necesarios en la cadena agroindustrial de la caña. Empecemos por decir que los industriales azucareros desde el 2001, ya conocían de fuente propia, lo del mayor precio de la caña en Colombia. El estudio, “Costos de Producción de Azúcar Colombia-Brasil” (ASOCAÑA-CENICAÑA), realizado por Harold Cerón y Germán Jaramillo por encargo de los propios ingenios, dejó establecido claramente, que el mayor precio de la caña en Colombia, desde hace 6 años, se debe a los altísimos costos en materias como: operación administrativa, insumos, valor de la tierra, obligaciones fiscales y otros. Entonces, no es que los empresarios nos paguen muuuuy bieeeen, no, ellos lo que hacen es reconocer la realidad colombiana para que el negocio sea viable. De antemano, saben perfectamente por qué en Colombia la caña vale más que en Brasil. A ellos les constan las diferencias que hay entre cultivar aquí y sembrar en tierras cariocas. Un breve repasito (no tenemos mucho espacio) de dicha investigación en el 2001, nos permite conocer que los costos de adecuación, preparación y siembra en Brasil, son 44% menores que los de Colombia, (allá se adecua al mínimo) que los del levantamiento de socas son cuatro veces inferiores a los de nuestro país, entre otras razones por: mínimo riego, no se efectúa re-siembra, se hacen únicamente las labores indispensables, el valor del salario mínimo en el Brasil es el 84% del de Colombia (cifra actualizada al 2007) y esta investigación, también, aclara que los costos de la cosecha en Brasil son bajos, debido entre otras razones, a un menor valor de la mano de obra. Por esto resulta oportunista la salida de los empresarios al manipular los resultados de LMC, con los cuales creen que les va a ser fácil inducir conclusiones tan peligrosas como las de hacernos aparecer como unos agroempresarios de forma y no de fondo. Que simplemente hemos venido hablando de caña mal paga porque sí; esa podría ser una sencilla queja, pero en realidad de lo que habla la comunidad cañicultora es de algo más, como por ejemplo de la exclusión de los beneficios de la producción de alcohol carburante que el estado prometió, sería para todos -incluidos los consumidores- y de la incomprensible indiferencia del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para mediar entre cultivadores e ingenios, en la misión de acordar una fórmula de pago para la caña destinada a Etanol. Apoyarse en resultados de estudios hechos por terceros, deja en evidencia la pérdida de foco por parte de los ingenios. En PROCAÑA fuimos claros ante los medios de comunicación que nos llamaron en busca de respuesta sobre la tesis“en Colombia la caña mejor paga”, al responder que este hecho no significa que los 1.600 cultivadores de la región tengan una participación equitativa y justa en el negocio, especialmente en lo concerniente a los biocombustibles, como muy hábilmente quieren hacerlo figurar. Nosotros no hemos perdido el rumbo, ni lo vamos hacer. Nuestro objetivo seguirá hasta el final; la caña para etanol sólo está beneficiando a los ingenios, por cuanto la participación de la industria en los beneficios es del 70%, contra un 30% de los cultivadores de caña. Para cerrar, bien vale la pena que le refresquemos a los colombianos la información sobre las utilidades netas del último año en algunos ingenios, que por estos días han divulgado diferentes periódicos: Central Castilla: $34.400.591.000, Cauca $15.400.300.000, Mayagüez $20.356.886.000, Río Paila 24.659.603.588 etc., cifras a las que no llega ni el más grande cultivador de caña en el país. ¿Cómo así, Colombia una nación con caña a precios superiores, en comparación con otras, y las ganancias multimillonarias se dan por el lado de los ingenios y no de los cultivadores? |
||